El invierno pasado decidí gastar menos dinero en ropa y más en complementos. Desde entonces estoy más contenta con mi imagen. Me siento más identificada.
Algunas mujeres, entre las que yo me incluyo, somos compradoras compulsivas de ropa. El comercio online no nos ha hecho ningún bien. Meternos en un marketplace de moda por internet es una tentación. Vemos una prenda que nos gusta, hacemos clic y esperamos a recibirla en casa. Tengo que reconocer que es un pasatiempo que me ha reportado satisfacción, pero también me ha hecho gastar mucho dinero.
Al final, recibes el pedido, te lo pruebas y no le haces ningún caso. Tengo un montón de prendas de ropa que no me las he puesto más que una o dos veces. Y siguen ahí, ocupando espacio en el armario.
La alarma me la dio mi pareja. El pobre hombre tiene que llevarse su ropa a un pequeño armario que está en la habitación de invitados. Por suerte, no recibimos visitas. Al menos, visitas que se queden una temporada.
Tengo vestidos que un verano están de moda y al año siguiente han quedado desfasados. Me ha cansado acumularlos. Utilizando los básicos del fondo de armario y combinándolos con los complementos adecuados, puedo vestirme para cualquier ocasión.
Y es que con una camiseta blanca de algodón y unos jeans azul marino, ofreces una imagen completamente distinta, dependiendo de con qué lo acompañes. Con una gorra de béisbol, unas deportivas y una cazadora de polipiel, das una imagen fresca y desenfadada para hacer la compra un sábado por la mañana. Con unos zapatos de tacón, una blazer y un collar por encima, estás preparada para ir a la oficina.
Todo es cuestión de saber combinar los básicos con gusto. Todo esto tienes a tu alcance para perfilar tu estilo personal.
El bolso.
Los bolsos son el complemento femenino por antonomasia. A todas nos gusta salir preparadas y llevar encima todo aquello que necesitemos o podamos necesitar. Para algunas de nosotras, salir sin bolso es casi como ir desnudas por la calle. Lo mejor de todo es que hemos sabido integrar este complemento en nuestro outfit, embelleciendo el conjunto.
La revista digital Trendencias nos recuerda que hay un bolso para cada ocasión. Para ir a la universidad o para el trabajo, lo más práctico es llevar un bolso grande tipo tote. Que nos permita guardar en su interior todo aquello que necesitamos, con espacios compartimentados, para tenerlo organizado. El material y el color están condicionados por la ropa que llevemos y por la estación del año. En invierno llevamos bolsos de piel, de colores oscuros, como el negro o el marrón chocolate; y en verano optamos más por tejidos textiles como la rafia, de tonos terrosos y orgánicos.
Para salir de compras podemos llevar un bolso mediano que nos colgamos en bandolera. Un bolso cómodo del que podamos echar mano de la cartera con un movimiento tan sencillo como si fuéramos a meter la mano en el bolsillo del pantalón.
Para dar un paseo o salir de tardeo, un bolso estructurado con flecos es todo lo que necesitamos para lucir un aspecto elegante, pero acorde con la situación.
Para compromisos de más empaque, como un evento especial o salir a cenar, un bolso pequeño de mano sigue siendo la opción más estilosa.
Aprender a combinar el bolso con el calzado o con otros complementos, como el sombrero o la boina parisina, en caso de que nos decidamos a llevarla, es todo un arte.
El calzado.
Las mujeres somos unas verdaderas apasionadas del calzado. Albergamos en nuestra casa colecciones inmensas. Y es que saber ir calzada para la ocasión es casi tan importante como la ropa que llevamos. El calzado transforma nuestro look.
Los zapatos de tacón de aguja, que siempre han estado asociados a las celebraciones más sofisticadas, ahora nos los ponemos con cierta frecuencia. Para salir una noche de fiesta, para tomar un piscolabis con los amigos, para acudir a la oficina. Es un calzado elegante que, además, nos empodera. Nos da unos centímetros de más que nos proporcionan una visión más panorámica. Y estilizan nuestra figura, lo cual aumenta la confianza en nosotras mismas.
Los botines y las botas altas van ligados al invierno. Calientan nuestros pies y nos permiten lucir cualquier tipo de ropa. Desde una falda corta, una larga o unos vaqueros. Siempre dándole un toque personal y favorecedor.
Si tenemos unos pies bonitos, las sandalias son nuestro calzado de verano. Nos permite lucir esa parte de nuestro cuerpo que mantenemos escondida gran parte del año.
Para ir más cómodas, podemos llevar deportivas. Las zapatillas han dejado de ser un calzado para practicar deporte para ser un complemento ideal para el día a día. La industria del calzado deportivo se está esmerando en los diseños y ahora tenemos zapatillas combinables con cualquier ropa que nos pongamos. Siempre dándole un toque fresco y desenfadado. Tengo alguna amiga que tiene una colección de zapatillas tan extensa como otras tienen zapatos de tacón de aguja en su mueble zapatero.
Joyería personalizada.
La joyería es otro complemento clave. Llevamos pendientes, pulseras, collares y algunas se atreven con piercings. Las dependientas de Joyería Lorena, una joyería valenciana que ahora también vende desde su página web y que está especializada en joyas personalizadas, nos hablan del potencial de estos complementos.
Y es que para la mujer moderna, la joyería es un medio de expresión. A través de las joyas que llevan puestas, expresa sus inquietudes, su personalidad, sus gustos. Enriqueciendo el outfit en su conjunto, sin restarle protagonismo a las partes.
Hoy las joyas no son un símbolo de ostentación. Cuando lo pretenden ser, dan una apariencia demasiado vulgar. Sin embargo, de lucir joyas a no lucirlas, hay un cambio considerable en nuestra imagen. Una gargantilla plateada bajo una blusa desabrochada, una pulsera de cadena que descansa sobre nuestra muñeca, aporta un toque distinguido y sereno. Es ese “no sé qué” que nos hace diferentes y que pocos alcanzan a explicar.
Las joyas con abalorios, que son figuras esmaltadas en plata, oro o fabricadas con piedras semipreciosas y que hacen referencia a aficiones o temas que nos interesan, transmiten información sobre nosotras mismas y son joyas que nos gusta llevar. Nos identificamos con ellas. No en vano son tendencia. Con opciones tan populares como las pulseras de charms, que podemos ir configurando y personalizando a nuestro gusto.
Los cinturones.
Los cinturones están de moda. Nos lo dice la revista Vogue Spain. Se pueden llevar con cualquier tipo de look. Modificando, de manera sustancial, la apariencia en su conjunto.
A diferencia de las colecciones de ropa, que de un año a otro pierden vigencia, los cinturones son un bumerán que una y otra vez regresa a las pasarelas. Una inversión en complementos que sabes que, en cualquier momento, te los vas a volver a poner, sin desentonar.
Y es que ahora se llevan mucho los cinturones anchos encima de la ropa. Marcando la cintura. Como pasaba en los años 80.
Otros cinturones que son tendencia, según la revista Vogue, son los cinturones trenzados. Fabricados con tiras de piel entrecruzadas, que dan un aire artesanal y que siempre quedan elegantes, por el valor que tiene la piel en sí.
El cinturón joya, con pedrería incrustada y/o con cadenas doradas o niqueladas, siempre en un formato ancho, para que destaque, tiende a añadir sofisticación a cualquier look al que lo añadamos.
Los cinturones con abalorios le dan un aire bastante personal a nuestra imagen. Marcas como Ralph Lauren están explotando este recurso. Embelleciendo sus cinturones de piel con grandes medallones metálicos o con cadenas terminadas en medallas.
Por último, los cinturones animal print, con estampados como el de cebra, parecen haberse colado en las colecciones de muchas marcas y diseñadores prestigiosos estos últimos años.
Los pañuelos bandana.
Este es un complemento muy de los años 70 y 80, que ha resurgido con fuerza y que nos ofrece una gran variedad de posibilidades.
Hay mujeres que nos atrevemos a ponérnoslo al cuello, como los cowboys, como los rockabillies de los años 80. Con un aire motero. Y es que ponernos un pañuelo al cuello con una camiseta cambia por completo el outfit. Le da un toque distintivo a lo que sería una indumentaria de andar por casa.
Estos pañuelos tienen múltiples utilidades. Podemos ponérnoslo en la cabeza, doblado como si fuera una diadema. Pudiendo llevar el pelo suelto sin que nos tape la cara. Podemos usarlos para hacernos una cola de caballo. Podemos ponerlo en la frente como si fuera una cinta deportiva, igual que hacía Enrique Bunbury cuando cantaba en Héroes del Silencio, o dejarlo desplegado en la cabeza como hacían las gitanas que tiraban las cartas o las campesinas de antaño.
Coger un pañuelo de este tipo y anudarlo en la correa del bolso le da un toque personal que cambia por completo la imagen de este complemento.
Tengo que decir que los pañuelos bandana son un elemento que acabo de redescubrir y me tiene maravillada. Pensaba que ya no se fabricaban. Y para mi sorpresa, he encontrado multitud de diseños y colores que me permiten combinarlos con diversas prendas y hacer diferentes experimentos estéticos.
Cada día nos vestimos según nuestro estado de ánimo, según el objetivo del día, según la climatología, y complementos como los pañuelos nos permiten adaptarnos a esas circunstancias con versatilidad.
La boina parisina.
Este es otro complemento que me parece fascinante. Otro accesorio versátil, altamente combinable, y que desde que lo descubrí no puedo entender un invierno sin él.
La revista El Litoral señala que se han vuelto a poner de moda porque son prácticas, nos dan calor en la cabeza, son elegantes y dan un guiño vintage.
Lo cierto es que, desde que recuerdo, siempre se han llevado. Quizás durante algún tiempo era más difícil encontrarlas, pero en los últimos años es el sombrero preferido por las mujeres que quieren lucir guapas y abrigadas en invierno.
La popularidad de la boina parisina, aparte de que nos evoca la moda de París, se debe a que ha perdido gran parte de las connotaciones culturales y políticas que en otro tiempo tuvo, como recuerda un artículo publicado en La Vanguardia. Ya no la vemos como un accesorio de artistas bohemios: Picasso, Rembrandt, Ana Karina (musa de la Nouvelle Vague francesa), tampoco la relacionamos con la foto del Che Guevara. Ahora la boina es para todas las edades y para todos los gustos.
Si nos ponemos una boina del mismo color que nuestra bufanda o que nuestro jersey, presenta una armonía cromática interesante. Boinas de color burdeos combinadas con prendas neutras de colores suaves como el gris claro o el camel aportan un contraste sutil y elegante. Inclinar ligeramente la boina a un lado o para atrás evoca un espíritu parisino sofisticado, a la par que desenfadado.
Este fue otro de los complementos que me ayudó a perfilar mi imagen sin malgastar dinero en ropa.
Define tu estilo con los complementos.
Al final, es lo que decimos. Nos gastamos dinero porque queremos vernos guapas, porque pasamos por delante de un escaparate y el vestido o la chaqueta colgada en el maniquí nos llama la atención, o porque navegando por internet hemos visto un pantalón que nos ha cautivado y no nos hemos podido resistir. Y compramos, compramos a lo loco. No lo tenemos y lo queremos en nuestro armario.
Tengo que decirte, sobre todo en las compras por internet, que no sé cómo se las arreglan, pero la ropa nunca te queda tan bien como a la modelo. Parece que lo hacen aposta.
Tenemos que cambiar el chip. No podemos ser esclavas de la moda, fashion victims. Con unos buenos básicos en casa, bien escogidos, y una gama de complementos variada, podemos sacarle partido a nuestro ropero. Luciendo una imagen acorde con el momento, con nuestros gustos, con nuestras apetencias y siendo, en todo momento, nosotras mismas. Sin darnos la impresión de que nos estamos disfrazando. El poder de los complementos es impresionante. Y, lo mejor, es que agudizan nuestro ingenio.