Durante el embarazo, el cuerpo de la madre experimenta una serie de cambios. También su boca y su dentadura. Hablamos sobre esta curiosa relación, embarazo y salud dental, sobre la que tantos mitos y leyendas se han creado.
Nunca he tenido un embarazo, pero he vivido dos muy de cerca. Recuerdo que para la madre de mis hijos aquellos periodos fueron una montaña rusa de emociones, de estados de ánimo y de estados de salud.
En los primeros meses, había días que se levantaba ilusionada y mañanas que estaba abatida por las náuseas. A mitad del embarazo llegaron los antojos. Yo los interpretaba como nutrientes que su cuerpo demandaba y corría raudo a buscarlos. Por suerte, no eran difíciles de conseguir. A la niña le dio por comer fresas, que estaban de temporada. Y con el niño, jamón de Jabugo. Recuerdo que le decía: «Eres especial hasta para los antojos».
La última etapa de los embarazos le cogió en verano. El niño nació en septiembre, es virgo, y la niña a mediados de octubre, es libra. Fueron unos meses duros: el calor y la barriga pronunciada. Había días que no podía con su cuerpo. Pasaba tardes enteras tumbada en la cama. Con dos ventiladores de pie encendidos. Uno a cada lado. El aire acondicionado de aquel piso alquilado solo llegaba al comedor.
En ambos embarazos siempre había una idea flotando en el ambiente. Un tema recurrente que aparecía en el momento menos pensado. “Voy a perder los dientes” – me decía la madre de mis hijos.
En cada embarazo, una madre pierde un diente o una muela. Los huesos del niño se forman con el calcio de los dientes de la madre; el feto absorbe el mineral de la dentadura.” Me decía una y otra vez. Los niños se han hecho mayores, pero ha llegado a mi memoria, de manera sorpresiva, aquellas frases un tanto lapidarias.
No son los dientes, son las encías.
No sé si durante o después del embarazo a la madre de mis hijos se le ha estropeado la dentadura, ni sé cuántas muelas ha perdido. No es un tema de conversación que nos llame especialmente la atención. Solo hablábamos de ello durante los embarazos. Una etapa de nuestra vida donde abordábamos temas que rara vez hemos vuelto a tratar.
En apariencia, todo sigue normal. Ella visita a su dentista una vez al año y recientemente se ha sometido a un tratamiento de ortodoncia invisible. No por efectos secundarios de los embarazos, sino por algunos problemas de malposición dentaria que lleva arrastrando desde la juventud.
Lo que sí he hecho, movido por esa curiosidad que a veces me embarga, es corroborar aquellas declaraciones sobre sus dientes, que compartía conmigo durante el embarazo, y que nunca terminaron de convencerme del todo.
Efectivamente, en el embarazo aumentan las posibilidades de que la mujer pierda piezas dentales. Pero no es porque el embrión o el feto descalcifiquen los dientes. Sino por una cierta debilidad de las encías provocada por los cambios hormonales.
La página web Perio Expertise señala que durante el embarazo la madre padece una serie de cambios hormonales que hacen que la proporción de bacterias patógenas aumente en la placa bacteriana, al tiempo que las encías se vuelven más permeables.
Uno de los efectos de estos cambios hormonales es que disminuye la cantidad de saliva en la boca de la madre. La saliva desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la salud de la boca. Aunque el cepillado y la higiene interdental son las principales herramientas para eliminar la placa bacteriana, la saliva también ayuda a mantener bajo control los microorganismos presentes en la boca. No todas las bacterias son perjudiciales: algunas participan en la descomposición de los alimentos, mientras que otras pueden favorecer la aparición de caries y enfermedades de las encías.
Durante el embarazo, estos mecanismos de defensa pueden verse alterados. Los cambios hormonales, especialmente durante los primeros meses, pueden provocar xerostomía o sensación de boca seca en algunas mujeres. Cuando disminuye el flujo salival, se reduce una de las barreras naturales frente a la acumulación de microorganismos y placa bacteriana. Esta situación, unida a posibles cambios en los hábitos de higiene o a las náuseas y vómitos propios del embarazo, puede favorecer la inflamación de las encías.
La gingivitis es, de hecho, un problema relativamente frecuente durante la gestación. Las modificaciones hormonales aumentan la respuesta inflamatoria de los tejidos gingivales, por lo que las encías pueden presentar mayor sensibilidad, enrojecimiento, inflamación o sangrado.
Durante el embarazo aumenta la permeabilidad de los tejidos de las encías. Esto puede intensificar la respuesta inflamatoria ante las bacterias presentes en la placa. Si una gingivitis no se controla y existe una acumulación persistente de placa bacteriana y de sarro, puede evolucionar hacia una periodontitis, una enfermedad más profunda que afecta a los tejidos que sostienen los dientes.
Esta es la causa última de que a una mujer que ha sido madre se le caigan los dientes. De hecho, la periodontitis es la principal causa de pérdida de dientes en adultos. No solo afecta a mujeres embarazadas. Por ejemplo, los fumadores tienen muchas posibilidades de padecer esta infección.
Por suerte, esta enfermedad se puede prevenir y evitar, incluso durante el embarazo. Basta con llevar un seguimiento clínico adecuado y mantener unos buenos hábitos de higiene dental.
Otros mitos sobre el embarazo y la salud dental.
La idea de que durante el embarazo la madre pierde dientes o muelas porque el feto descalcifica la dentadura no es el único mito que hay sobre la relación entre embarazo y salud dental. Los odontólogos de la Clínica Dental Dr. Manuel Tomillo Sánchez, una clínica dental de Zafra (Badajoz) que aborda la salud bucodental como parte integrante de la salud general del paciente, dedican un artículo de su blog a desmentir algunos de estos mitos.
Una de las ideas erróneas más extendidas es pensar que acudir al dentista durante el embarazo puede ser peligroso, que puede dañar al bebé. Todo lo contrario, las revisiones odontológicas son recomendables para controlar posibles problemas y actuar antes de que se agraven. Los tratamientos que no sean urgentes suelen planificarse teniendo en cuenta la etapa del embarazo, mientras que una urgencia dental debe atenderse independientemente del momento de la gestación en el que se encuentre la madre.
También es falso que cualquier tratamiento dental pueda poner en peligro al bebé. El odontólogo puede adaptar el procedimiento, las técnicas y los medicamentos utilizados a las circunstancias de cada paciente. Además, mantener una infección dental sin tratar puede representar un problema mayor que recibir la atención necesaria. Por eso, el embarazo no debe ser un motivo para retrasar una intervención que resulte necesaria.
Otro mito muy extendido es que el embarazo debilita los dientes porque el bebé obtiene el calcio directamente de la dentadura de la madre. Ya lo hemos denunciado. Esto no ocurre así. El organismo dispone de mecanismos suficientes para proporcionar al feto los nutrientes que necesita sin “extraer” calcio de las piezas dentales. Los problemas dentales que aparecen durante esta etapa suelen estar relacionados con otros factores, como una higiene insuficiente, una ingesta excesiva de azúcares, los vómitos frecuentes en los primeros meses o una menor frecuencia de las revisiones dentales.
¿Cuándo debe acudir la madre al dentista?
Vamos a abordar este punto. La madre gestante no solo puede acudir a hacerse una revisión a la clínica dental, sino que es altamente recomendable. El blog de los laboratorios Oral-B recomienda a las madres embarazadas acudir al dentista en el primer y tercer trimestre de embarazo.
Una vez confirmado el embarazo, es recomendable informar al dentista de la nueva situación, especialmente si la paciente está siguiendo algún tratamiento dental.
Una primera revisión al comienzo del embarazo permite conocer el estado de la boca y detectar posibles problemas antes de que puedan agravarse. Durante los primeros meses se producen importantes cambios hormonales que pueden influir en la salud de las encías y en la respuesta de los tejidos de la boca. Por este motivo, el odontólogo puede ofrecer recomendaciones específicas sobre higiene, alimentación y cuidados diarios para mantener una buena salud bucodental durante los meses siguientes.
También resulta conveniente realizar otra revisión durante la última etapa del embarazo. Esta visita permite comprobar si han aparecido caries, acumulación de placa u otros problemas. Especial atención requiere la supervisión de la salud periodontal, el estado de las encías. En esta visita, el odontólogo puede comprobar si han aparecido enfermedades como la gingivitis y la periodontitis, su grado de desarrollo y determinar las siguientes actuaciones para erradicarlas.
Mantener estos controles ayuda a llegar al nacimiento del bebé con una boca saludable. Aunque el embarazo no implica necesariamente que vayan a aparecer problemas dentales, los cambios propios de esta etapa requieren un seguimiento específico. Atender cualquier alteración a tiempo permitirá a la madre afrontar los primeros meses después del parto en mejores condiciones para cuidar de su hijo.
¿Debo suspender un tratamiento dental durante el embarazo?
Esta es otra de las preguntas recurrentes entre las mujeres embarazadas. Sobre todo, entre aquellas que ya están siguiendo un tratamiento dental en el momento en el que se han quedado embarazadas.
En este sentido, el blog de Laboratorios Cigna opina que la gran mayoría de los tratamientos bucodentales son compatibles con el embarazo. Tan solo sería recomendable aplazar para después del parto aquellas intervenciones no esenciales, como los blanqueamientos dentales y otros tratamientos estéticos.
En términos generales, la mayoría de los tratamientos dentales deben mantenerse, aunque puede que haya que adaptarlos a la agenda de la paciente. Durante el embarazo, la madre gestante tiene otras visitas médicas que no se circunscriben al ámbito de la salud dental.
Antes de cualquier intervención, es importante informar al odontólogo de que la paciente está embarazada para que pueda adaptar el tratamiento a sus circunstancias y, cuando sea necesario, coordinarse con el ginecólogo que supervise el embarazo.
Algunos procedimientos pueden realizarse con las medidas de precaución habituales. Es el caso de los empastes, que pueden requerir anestesia local para evitar molestias durante la intervención. También es posible realizar una endodoncia cuando existe una infección o una inflamación que pone en riesgo la salud dental. En estas situaciones, solucionar el problema puede ser preferible a mantener una infección sin tratar durante meses.
Las radiografías dentales también pueden realizarse cuando son necesarias para establecer un diagnóstico. El profesional utilizará las medidas de protección y las técnicas adecuadas para reducir al mínimo la exposición a los rayos X. Del mismo modo, determinadas opciones de anestesia local son compatibles con el embarazo cuando se utilizan de forma adecuada.
La principal diferencia se encuentra en los tratamientos que pueden esperar. Las intervenciones exclusivamente estéticas y determinadas cirugías orales que no sean urgentes suelen aplazarse hasta después del nacimiento del bebé. De esta manera, durante el embarazo se priorizan las actuaciones necesarias para mantener la salud bucodental de la madre.
Una parte de la salud integral de la madre.
Durante el embarazo, es importante ver la salud dental como una parte integrante de la salud general de la madre. Y no como un elemento añadido, accesorio o prescindible. Desde luego, lo más importante es hacer un seguimiento de la evolución de la gestación, pero digamos que en el cuerpo de la madre todo está interrelacionado.
Un embarazo ya de por sí es complicado, como para cargar a la madre con problemas de salud añadidos, como una caries que provoca dolor de muelas o una infección que produce sangrado en las encías. Lo ideal es que la madre se encuentre en un buen estado de salud, en todos los ámbitos de su cuerpo, para que pueda vivir un embarazo sin complicaciones.
Por otro lado, cada vez hay más estudios médicos que identifican las enfermedades periodontales como un factor de riesgo de partos prematuros. La doctora Isabel Santa Cruz menciona en un artículo publicado en la revista Dentaid Expertise que la infección de las encías es causa directa o indirecta de entre el 25 y el 40% de los nacimientos prematuros.